Procesos y prácticas para Animita Migrante

“El llamado “lado oscuro”, si se utiliza con conocimiento y sabiduría, puede ser muy positivo para un creador”

Lorena Meana, conocida en plataformas digitales como LorenheArt, vive la experiencia migratoria desde su propia práctica creativa. Una que transita desde su trabajo para agencias de marketing digital, el diseño gráfico, de web y de motion graphics, hacia la ilustración, el video, intervenciones en el espacio y la docencia en ámbitos culturales. A partir de este contexto vital, asume la contradicción que puede significar para el o la artista contemporáneo/a utilizar las herramientas de difusión y financiamiento que las instituciones y las nuevas tecnologías capitalistas entregan y, a la vez, denunciar sus injusticias. Su trabajo, con y para espacios virtuales, le motivan a problematizar la vivencia de la migración desde el concepto del no-lugar, siguiendo a Marc Augé, hecho carne en el cuerpo y la experiencia del migrante. La artista española (natal de Burgos), que estudió Bellas Artes en Granada, Diseño Multimedia y Animación en Glasgow, ha trabajado como artista visual, diseñadora gráfica y docente de artes visuales en diversas capitales europeas como Londres, Praga o Madrid. En su camino,ha hecho un alto entre los diversos compromisos que el diseño le demanda para conversar y entregarnos su visión de las prácticas artísticas contemporáneas, a la luz de sus conocimientos como experta en comunicación visual y artista multimedial que recorre de manera natural e integrada los mundos del marketing, la docencia y el arte digital. Una mirada situada y reflexiva que aporta y define su entrega para esta editorial de Animita Migrante.

¿Piensas que como artista debes tomar posición frente a las sistemáticas violencias que se desprenden del relato capitalista? Si es así, ¿cómo afectan o definen tu trabajo?

“Primeramente, pienso que habría que definir aquí lo que yo entiendo por el concepto de violencia capitalista. Parece que la forma de entender este discurso depende mucho del entorno donde uno vive y el tipo de actividades que se han ido ejerciendo durante la vida. En el pensamiento contemporáneo actual las ideas y las acciones se encuentran entremezcladas, la tendencia a discernir conceptos entre polos opuestos o dicotomías del bien y el mal están ya obsoletas. Un artista necesita de este sistema capitalista para sobrevivir, por lo menos en Europa, si no, no se llega muy lejos en el mundo del arte. Así, resulta que incurrimos en contradicciones como que el artista, que necesita de la promoción de las redes de galerías y museos privados que garantizan el mercado del arte, va contra este mismo sistema. O bien necesita de las instituciones oficiales, que son las que tienen presupuestos dedicados a la cultura, que existen en mayor o menor medida gracias al crecimiento económico (ojo, cada vez menos igualitario) de un sistema basado en la economía de mercado como es España y otros países de la UE. Es importante que se llame la atención sobre las injusticias y que se tome una postura política de concienciación, pero veo necesario que se haga siempre desde la máxima humildad, de lo contrario, el público general no se sentirá identificado con ninguna de estas posturas.
En mi caso, puedo decir que yo me muevo y me he movido por ambos lados de esta dicotomía: he trabajado como diseñadora gráfica para agencias de marketing y otros tipos de empresas y ahora desarrollo mi actividad profesional principalmente dentro del mundo educativo y cultural como artista y docente. Sería completamente hipócrita por mi parte criticar simple y llanamente a la globalización y su sistema económico predominante cuando yo me he beneficiado de él como creativa. ¿Es cierto que he visto desigualdades y problemas enormes derivados de este sistema en mi etapa “capitalista”? Sí. Por ello, mi crítica como artista irá dirigida hacia ese malestar concreto provocado por estas incidencias, pero no a nivel generalizado. En el fondo, pienso que un sistema es negativo cuando los poderes fácticos lo infrautilizan de forma perversa, pero también es fuente de muchos resurgimientos, creatividad y desarrollo económico cuando se mantiene controlado en pro del bien común”.

En ese contexto ¿Cuál es tu relación o cómo piensas que debe ser la articulación de los/as artistas con las instituciones y/o plataformas de difusión/mediación de arte contemporáneo?

“Creo que un artista, hoy en día, puede difundir su trabajo a través de otros medios de difusión de forma más independiente. Muchos de ellos ni siquiera consideran formar parte de las redes institucionales oficiales hasta que son descubiertos por plataformas de difusión democratizadas que se encuentran dentro del gran entramado digital que ofrece internet. Considero que un artista debe saber auto promocionarse y comprender el complejo mundo del marketing online, para utilizarlo en su beneficio. El llamado “lado oscuro”, si se utiliza con conocimiento y sabiduría, puede ser muy positivo para un creador. Sé que mencionar estos términos nos puede retrotraer a la idea de manipulación que ejerce la publicidad del mundo capitalista para incitar a consumir productos de forma masiva…pero no lo invoco con estos fines. Hay artistas que trabajan proyectos a nivel institucional para exponer en museos, galerías u otros eventos, y mientras tanto, desarrollan un trabajo independiente y personal, por una necesidad de expresión que muchas veces es más interesante que su trabajo oficial y solo cuentan con sus propias herramientas de autopromoción para dar a conocer estos proyectos, como redes sociales, plataformas de mecenazgo, blogs, canales de video streamming o incluso conocimientos de posicionamiento online. En mi caso, teniendo en cuenta que yo compatibilizo la creación artística con otras actividades profesionales, es un gran recurso que no puedo dejar de lado. Muchas veces las instituciones y plataformas de difusión oficiales y más tradicionales no pueden y quieren admitir proyectos u obras que van en contra de sus intereses, sobre todo por motivos de índole económicos. En mi opinión, el resultado comercial de una obra de arte tiene ahora mismo más importancia que cualquier manifestación revolucionaria a nivel político contra el sistema, por lo menos en Europa. Cuanto más vanguardista y polémica es una obra, más garantizada puede tener su acogida dentro de los círculos artísticos. Sin embargo, si no se ve una finalidad económica, ya sea material, o de promoción en el mercado del arte, muchos trabajos no son admitidos”.

Lorena, ¿Cuáles son los procesos reflexivos detrás de tu obra para Animita Migrante? A nivel técnico ¿cuáles son los soportes que usas y por qué la elección?

“En esta propuesta me he basado en el concepto de no-lugar, entendido según Auge (1992), como un espacio que no posee identidad o no se puede definir como tal, no es relacional, ni histórico. Son lugares de transición e impersonales. Si atendemos a las características del contexto, donde una persona migrante se mueve, vemos que el espacio suele poseer identidad. Las personas que se conocen dentro de él se relacionan entre sí, se saludan, los edificios, las calles, los parques, todo tiene potencial significado para el residente de toda la vida en ese lugar, pero no para el forastero. Pero ¿Cómo lo interpreta el migrante? ¿Una persona que nadie conoce y en la que nadie repara? De igual modo, el espacio circundante le resulta ajeno y lo que presencia en un principio puede no tener mayor significado que el que le otorgan las formas en movimiento, o masas de cemento y hormigón dispuestas de manera diferente al de su país de origen, o incluso las zonas verdes, paisajes o estructuras urbanísticas extrañas. Quizá, para el/la migrante, ese nuevo espacio sea un no-lugar. En mi propuesta he querido ir más allá. ¿No podríamos pensar que el no-lugar para los demás transeúntes podría ser el mismo migrante? En muchas ocasiones, pueden ocurrir dos cosas: que se sienta tremendamente observado por sus visibles diferencias con la cultura imperante, o bien que se sienta completamente ignorado. Nadie repara en él/ella. Acaba de llegar y si es una ciudad grande, nadie sentirá interés a priori por este nuevo visitante en la ciudad. Mi proyecto aquí, por tanto, consiste en trasladar el concepto de no-lugar de un espacio construido, de tránsito e impersonal, a un ser humano, nuevo, ignorado y en cierto modo, alienado por la nueva cultura a la que se aproxima. El migrante se convierte en no-lugar porque para el resto carece de identidad, ya sea de forma temporal o duradera, y eso es algo terrible de experimentar cuando se está solo en un lugar nuevo y todo se desconoce. El sujeto está, pero no es, no existe. Es una silueta sin contenido. Invisible. Como este proyecto debía plasmarse en una revista, mis mejores herramientas han sido un programa de dibujo vectorial, fotografía y tableta gráfica. En este caso, decidí aplicar únicamente escala de grises para despojar completamente de cualquier trazo humano la imagen, para que quedara impersonal en cierto modo, fría y homogénea. De esta forma he intentado potenciar un distanciamiento del espectador hacia la ilustración, al igual que los residentes pudieran sentir con respecto al migrante. Las imágenes aquí juegan a ser no-lugares en sí mismas”.

Imagen: LorenheArt