Procesos y prácticas para Animita Migrante

“Creo que el artista debe tener un discurso con su obra…No tiene por qué ser estético ni bonito, lo importante es el concepto y que sea un concepto potente desde la propia experiencia”

Desde la segunda mitad del siglo XX en adelante, el arte acción o performance ha ido consolidando una práctica marcada por una fuerte pulsión política a la hora de entender y afrontar las dinámicas del arte contemporáneo. Muchas veces, tensionando las estéticas propiciadas por los principales centros artísticos de enseñanza y exhibición. La performance ha denunciado la constante exclusión e invisibilización de grupos humanos que no son considerados dignos de adornar sus salas y galerías. Desde esta vereda, y llevándola a un espacio de acción radical, los artistas Julia Martínez y Omar Jerez se insertan en el corazón de problemáticas sociales que reflejan y actualizan lo peor y más violento de las políticas gubernamentales. Con un trabajo autogestionado y en concordancia con la necesidad de visibilizar conflictos político sociales, esta dupla española nos comparten en esta conversación, sus motivaciones, su postura frente al capital, su manera de entender y vivir la práctica artística y su relación con las instituciones que se ven involucradas en su trabajo. Con intervenciones que interpelan directamente a grupos neonazis, a organizaciones delictuales o bien visibilizando situaciones tan dramáticas como las de los migrantes que apuestan la vida en el cruce a territorio estadounidense, les dejamos con su palabra en esta entrevista donde visibilizan parte de su proyecto político.

En el contexto de su trabajo juntos, es relevante su toma de posición frente a las violencias que derivan del relato capitalista. ¿Cómo ello ha definido su práctica?

Omar: Creo que el rol del artista tiene que ser participativo, contestatario, no antisistema, sino dentro del sistema como un foco de virus. Levemente, con las herramientas que le ofrece el sistema, intentar moldearlo, flexibilizarlo y poner ese punto de pensamiento para ir modificándolo. Yo creo que no es la cuestión del capital lo central, sino que la intervención el estado. Por ejemplo, si una persona genera un elemento económico con otro individuo, sin que haya intervenido el estado, y se mueven sin haber generado agresión el uno hacia el otro, creo que en ese caso el capital no tiene por qué ser un elemento negativo. Otra cosa es que el estado utilice esa intervención y exista un elemento de agresión. En el 2013, presentamos un manifiesto que se llama “Teoría involuntaria de una muerte confrontada”, donde dejamos una intención artística. Ahí se habla mucho de lo que nosotros creemos a nivel conceptual y de interpretación, porque no aceptamos subvenciones del Estado. Aquí, en España, por ejemplo, nos han ofrecido 9 mil euros para abrir un museo y lo declinamos. Nos movemos en una especie de anarquía, pero es una anarquía no ideológica sino que una autoanarquía, donde creemos en esa libertad para ejercer nuestra carrera artística sin que exista la intervención de un agente externo que nos diga cómo trabajar.

¿Cuáles son los procesos reflexivos desde los que construyen su trabajo?

Julia: Creo que es esencial que el artista, con su trabajo, se posicione. El problema es que los posicionamientos van un poco por modas y son bastante superfluos. Se habla de temas que son importantes, sin conocerlos, sin que salgas de tu zona de confort. Se critica al Estado, pero con dinero de papá Estado. Creo que falta conciencia social a través de las obras. Nosotros, seguimos las pautas del manifiesto “teoría involuntaria de una muerte confrontada”. Hay muchísima gente que no lo entiende, que no lo comparte con nosotros, pero estamos convencidos de que no es necesaria la intervención estatal para poder realizar una práctica artística. En España, hay muchos artistas que son anti estado, pero luego aceptan ese dinero para producir las obras. Considero que es algo contraproducente, además, esas críticas que ejercen tampoco creo que estén hechas de forma adecuada, son superfluas. Creo que el artista debe tener un discurso con su obra. Olvidarnos de que el arte contemporáneo es estética, es bonito.No tiene por qué ser estético ni bonito, lo importante es el concepto y que sea un concepto potente desde la propia experiencia. Si yo quiero hablar sobre el feminismo, sobre el derecho de la mujer, lo primero es ir a ciudad Juárez, ver la problemática que existe allí con las mujeres. Me informo, lo vivo, lo veo y, entonces, opino. Yo veo discursos muy mañidos y faltos de concepto en el fondo, pues se debe saber de lo que se habla y haberlo vivido. Si has visto algunos de los trabajos que realizamos, en todos nos posicionamos, o sea criticamos directamente. Nos vamos a Nápoles y nos metemos en el corazón de la Camorra y hacemos el trabajo de frente. Nos vamos a ciudad Juárez y nos ponemos delante de asesinos de mujeres. Nos vamos al País Vasco, aquí en España, y nos ponemos en frente de pro etarras. Creo que es lo que falta, hay que posicionarse, tu obra tiene que hablar desde el conocimiento, no desde las modas.

Resulta interesante, entonces, preguntarles por el tipo de relación que mantienen con las instituciones mediadoras o de exhibición de sus obras. ¿Existe? ¿Cómo creen que debe darse ese contacto?

Julia y Omar: Nosotros siempre hemos tenido las cosas muy claras. No hemos dejado que la obra sea manipulada ni por el espacio, ni por un comisario, ni por una institución. Hemos expuesto bastante en galerías, en museos, centros institucionales, hasta en un garage. No creemos que el espacio sea lo imprescindible, lo que tiene que hablar es la obra. Nos hemos encontrado con galerías que se han echado para atrás, porque han tenido miedo, y otras que nos han querido hacer contrato directamente, cosa que nosotros siempre rechazamos porque desde el momento que perteneces a alguien si te pueden manipular. No hemos tenido malas experiencias porque tampoco lo hemos permitido.

Finalmente, nos gustaría que compartieran parte de las pulsiones detrás de su entrega para la edición impresa de Animita Migrante?

Julia y Omar: Durante nuestra estancia en México, uno de los chicos con los que compartíamos casa nos contó acerca de unas personas que pasaban el día en las vías a la espera de “La Bestía”, para lanzar bolsas de comida, agua y ropa a los migrantes escondidos en ese tren de mercancías. Tequisquiapan es considerada la ciudad más feliz de México, ubicada en el (Estado de Querétaro), pero detrás de esta estadística para fomentar las buenas políticas locales y el turismo de altas esferas, se oculta una tragedia con números y protagonistas diferentes. Cuando pensamos en Animita Migrante y el ensayo gráfico que queríamos mostrar, lo primero que apareció en nuestra cabeza fue ese Tren de la Muerte lleno de gente en busca de sueños y esperanzas. James Truslow Adams, definió el sueño americano como «la vida debería ser mejor y más rica y llena para todas las personas, con una oportunidad para todo el mundo según su habilidad o su trabajo, independientemente de su clase social o las circunstancias en las que nace” (1931). El concepto nace en el siglo XVI, cuando los pioneros ingleses intentaron persuadir a los ciudadanos de su país para moverse a las colonias británicas en América del norte. Su idioma y promesas sobre estas colonias terminaron realizando tres persistentes mitos separados, pero a su vez interrelacionados: Estados Unidos como tierra de abundancia, Estados Unidos como tierra de oportunidades, Estados Unidos como tierra de destino. Todas las versiones de este «sueño» creen en la oportunidad para obtener algún éxito cuantitativo o cualitativo. Actualmente y, a pesar de los siglos transcurridos, el «Sueño Americano» sigue colmando de esperanzas a millones de personas, que no dudan en poner en riesgo su propia vida para lograr alcanzarlo. El soporte que utilizamos fue el fotográfico, y como se puede ver en las imágenes, cada migrante que consigue parar en el oasis de Martín y su familia, siente la necesidad de dar fe de su paso por la misma. Los restos de ropa, los muros con nombres tallados con piedras o rotuladores están por todos lados. Quisimos dar eternidad y atemporalidad a esos nombres, a esas ropas, y resaltar al individuo por encima de la masa social. En la Bestia, los migrantes tienen nombres, países de origen y metafóricamente usan zapatillas Nike, encontramos tiradas un par olvidadas por alguno de ellos en su tránsito por un futuro mejor, en busca de su particular sueño Americano.

Imágen: Julia Martínez / Omar Jerez