“Super Mario Clouds” Cory Arcangel, 2002.

“Cuando morimos nos convertimos en nuestro perfil de Internet”. 1

No es ninguna novedad el actual incremento de usuarios/habitantes de redes sociales, suceso incorporado en el ADN de las nuevas generaciones. La expansión de las redes sociales, de los chats o de los blogs personales ha hecho que, paulatinamente, se vaya dejando un pequeño rastro virtual de nuestras inquietudes, gustos y obsesiones. Dejando que un fragmento de nuestra identidad quede sostenido en el ciberespacio por tiempo indefinido, manteniendo a su vez una administración de nuestro yo público/digital que encaje en la idea que queremos dar de nuestro perfil. Pero, a medida que el tiempo transcurre, surge otro fenómeno que seguramente no estaba presupuestado en el origen de estas redes y es que todos eventualmente moriremos. Entonces, ¿qué ocurre con las miles de cuentas de usuarios que han muerto pero que siguen de alguna manera “vivos” en el espacio digital?. Según la red social creada por Mark Zuckerberg (Facebook), cada año fallecen alrededor de 200 mil de sus usuarios. De hecho “Facebook” ofrece un servicio denominado memorializing, que consiste en eliminar toda información del perfil (estatus, actualizaciones y todos los contactos), dejando solo el muro para los mensajes.

El yo digital post morten

Al obtener un perfil en una de las Redes Sociales, creamos un yo virtual; una extensión de nuestro ego, un yo digital. Es absolutamente habitual la publicación de páginas personales donde uno muestra aquello que más le interesa de su biografía. De hecho, si queremos saber de la identidad de alguien, sólo tenemos que introducir su nombre en un buscador. Si tenemos la suerte de que esta persona tenga una página personal, tendremos la oportunidad de acceder a sus fotografías familiares, recuerdos de viajes y una serie de elementos que siguen conformando nuestro universo de la memoria y el anclaje familiar. Cuando dejamos de existir, cuando morimos, dejamos ese yo digital conformado de datos, alojado en una nube. De alguna manera, nos volvemos un poco mas “eternos”. Las Redes Sociales, sin proponérselo (tal vez), nos han dado la posibilidad de que parte de nosotros, al ser “alojados” en lo que hoy conocemos como “nubes”, podamos continuar presentes, “flotando” poéticamente en el universo virtual de la Internet. Si bien es cierto, las maneras primigenias de perdurar han sido los libros, hoy en día alojar la información en el mundo virtual nos abre una ventana que, con tintes de ciencia ficción, trae la oportunidad de una vida digital post mortem.

El paradigma digital

Las “nubes” son un “espacio” en que la información se almacena de manera permanente en servidores de Internet y si vemos estas “nubes” desde una mirada artística tenemos la suplantación de un modelo divino/celestial que nos acerca al cielo, a la eternidad. Los que quedan vivos tienen la oportunidad de recuperar parte de la identidad de los que ya han partido; con ello, manipular las “nubes” y tomar de ellas la información que nos vuelva a la vida. De alguna forma se puede invocar la ciber-alma, desde el cielo “renovado” del cielo cristiano. Así como el mito de que Walt Disney pidió congelar su cuerpo para volver a vivir en el futuro, las Redes Sociales nos dan la posibilidad de que en el futuro podamos volver a vivir a través de la cantidad de datos que quedó albergada en la red.

En la película de Steven Spielberg “Inteligencia Artificial”, un niño robot intenta recuperar a su madre adoptiva por medio de la información genética que obtenían desde un cabello. ¿Podríamos, a partir de los datos que se alojan en las Redes Sociales, volver a vivir?, ¿podríamos, a través de tecnología/medium que transforme esos datos, regresar a la vida? Las Redes Sociales congelan nuestra información para poder revivirnos como un experimento de ciencia ficción y de una manera poética estar presentes a partir del cúmulo de datos que alojamos en el espacio divino/virtual. La des-humanización de los seres humanos por medio del modelo digital, otorga extensiones divinas e infinitas.

Al momento de la muerte de Steve Jobs (1955 – 2011), miles de usuarios de Redes Sociales que sintieron el pesar de su partida publicaron en sus cuentas las propias frases de Jobs pronunciadas durante un discurso en la Universidad de Stanford. Este acto, de alguna manera, perdura su memoria y su vida: “Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder”, “estamos aquí para dejar nuestra huella en el universo”. Estas frases obtienen un nuevo significado al ser citadas por los usuarios. Lo divino sale de los espacios físicos de la Iglesia; los usuarios replantean el testamento de un desaparecido y lo invocan como en una sesión espiritista digital.

Algunas obras en la Red

Variadas son las reflexiones y obras en torno al tema. Para cerrar, citaremos dos trabajos. El primero de ellos es una página de los primeros tiempos del net art, de 1996: www.mouchette.org. “Mouchette” es una personalidad virtual basada en la historia de una niña de 13 años que decide acabar con su vida, protagonista de una novela de Georges Bernanos publicada en 1937. La otra es www.vivireternamente.org del artista José Jiménez Ortiz y consiste en un sitio que administra tus redes sociales luego de tu muerte.

1.Cita al escritor Don Delillo en el texto “Polvo de bits: la vida después de la muerte en el ciberespacio”. http://pijamasurf.com/2011/01/polvo-de-bits-la-vida-despues-de-la-muerte-en-el-ciberespacio/