Procesos y prácticas para Animita Migrante

“Mi denuncia es interna”

Elisa Rivera estudió en Concepción, pero es de Ovalle, Chile. Tiene estudios de Doctorado en proyectos de Pintura en Valencia, España y, actualmente, vive en Frankfurt. Precisamente, desde Alemania, donde vive desde el año 2011, nos recibe vía whatsapp para conversar sobre su práctica artística y los procesos reflexivos detrás de su propuesta para Animita Migrante. En el contenido de entrada a este proyecto reseñamos la lucidez de la filósofa Rossi Braidotti cuando propone pensarnos, nómade y críticamente, desde una cartografía de espacios en los que ya hemos estado y que siempre podemos reconstruir a través de la subversión de lo establecido, sin la necesidad de viajar. Esta invitación pareciera encarnar Elisa en toda la preocupación por su entorno y a través de su lenguaje pictórico. Para esta editorial de Animita, la autora proyecta, vía la técnica del collage, una reflexión acerca la migración, desde su propia experiencia como habitante en/desde diferentes países y donde ha escogido transitar: “Yo he vivido y he elegido vivir en cinco países distintos de forma independiente y me he sentido siempre una migrante desde pequeña. Por eso el tema de la inmigración me tocó en términos personales y el resultante es bien autobiográfico. Es un collage con imágenes de mi entorno, del lugar donde hoy vivo”, explica.

¿Puedes comentar algo más sobre tu proceso para Animita Migrante?

“Me cambié del departamento y barrio donde vivía hace poco, debido a la crisis política/social de este último tiempo. Aquí en Frankfurt, uno no vive donde quiere, sino que vive donde puede. Vivía en un barrio donde el 80% eran alemanes y el resto de otras nacionalidades. Ahora es todo lo contrario. Vivo en la ciudad más multicultural de Alemania, hay más de 140 nacionalidades. De este lugar me llamó la atención el cómo viven y el cómo hacen su vida cotidiana. Dónde compran el pan, cómo es su comida. En el collage aparecen los vecinos de mi casa y las huellas de los stickers con los nombres de cuando las familias se van y los arrancan. Sé lo que significa empezar de cero y hacer redes, entonces, en el collage se ven una cantidad de cédulas que me ha tocado renovar o cambiar. Anualmente debo tratar con extranjería y sé lo que significa ser inmigrante. Hay que ser tenaz y tener decisión para no renunciar y regresar a la zona de confort del lugar de dónde vienes”.

Explícanos un poco más sobre esos sitckers.

“Esos adhesivos de siluetas están pegados en los grandes ventanales de los edificios y siempre me llamaron la atención en términos estéticos. Además, siempre me pregunté por su utilidad. Desde adentro se camuflaban con el paisaje y acá los ponen para que los pájaros no se golpeen contra las ventanas. Para mí tienen el otro significado, el de golondrinas que migran, que se están yendo y viniendo, pero que siempre están en movimiento. Por eso los incluí como metáfora de la migración”.

A propósito de esa experiencia: ¿Crees que debes tomar posición política desde tu práctica artística?

“Mi discurso artístico no es político o evidentemente político. No hago denuncia explícita. Mi arte tiene que ver con la naturaleza, mi denuncia es interna, pero no evidente. Por eso no he tenido ni he querido transar con todo el sistema de mercado del arte. Mi trabajo tiene que ver con la reflexión teórica/política de la naturaleza. Mi reflexión tiene que ver más con la naturaleza que existe en la ciudad. Las imágenes, tanto pintura como fotografía, dan la sensación de la naturaleza en un bosque o naturaleza en un sitio aislado, pero son en la ciudad. Lo que quiero es llamar la atención de lo que ocurre en la ciudad, porque es efímero, son espacios momentáneamente en estado salvaje y que después son fruto de la especulación inmobiliaria y destruidos. En ese sentido, mi discurso teórico es político, pero lo visual da cuenta de un mundo más bien idílico -árboles, agua- en ese sentido pareciera no ser político”.

¿Cómo se ha dado la relación con los espacios de exhibición de tu obra?

Esta relación la he establecido yo, sea realizando las propuestas o gestionando exposiciones tanto para mí como para otras personas. Pero mi intención a futuro es que mi trabajo pueda tener otros alcances, trasladándose, por ejemplo, al arte público, ya que me cuestiono siempre mi relación con la institución en virtud de que pueda lograr ciertas cosas a través de ella. Y claro, eventualmente, podría saltarme los vínculos con las instituciones para ir más directamente con el público, pero hasta el momento las instituciones han sido continuadoras de mi discurso porque han aceptado mis propuestas de buena manera. Reconozco que el mercado controla bastante, sobre todo las galerías comerciales que definen las herramientas a utilizar y a lo que puedo tener acceso. A grandes rasgos las galerías y curadores son continuadores del sistema de mercado capitalista. Eligen a los artistas participantes transando bastante con lo que está en boga, algunos inclusive, tratando de ser rupturistas solo por serlo. El mercado del arte en Europa es muy fuerte y decisivo, también, a la hora de realizar una exposición. Influye del mismo modo en la decisión del curador o gestor a la hora de seleccionar a los artistas. Pese a ello, en el ámbito de la creación, eso lo pongo yo. No he querido transar con instituciones oficiales o galerías que me impongan un tema. No he tenido la necesidad, ya que en términos personales tampoco quiero ganar dinero ni hacerme famosa”.

Imágen: Elisa Rivera