Procesos y prácticas para Animita Migrante

“El deber del artista, para mí, es ser un aglutinador social que permita a la sociedad verse a sí misma y hacerse esas preguntas que no se puede hacer”

Cristóbal Barrientos (1976), comunicador audiovisual de profesión, es fotógrafo y diseñador de oficio. El lenguaje visual pulsa y define su práctica artística que circula por los distintos niveles instituyentes de dicha experiencia. Diría que la pulsión de archivo presente en su trayectoria lo instala como un instigador de relatos al activar, por ejemplo, el fanzine de fotografía Guerrilla. Pero no sólo eso, sino que él mismo colabora permanentemente en diversas publicaciones y, también, exhibiciones que buscan asediar críticamente el acontecer de la fotografía contemporánea y viceversa, desde la potencia del imaginario visual situar una mirada controversial e íntima. Actualmente, además, se encuentra radicado en su ciudad natal, Concepción, y está ligado a algunos proyectos de artes escénicas desde el diseño y la propuesta visual. Nos encontramos con él, en su casa, donde conversamos sobre sus procesos reflexivos e indagamos un poco más en su lectura sobre las prácticas artísticas hoy. Revisamos algo de su portafolio y ahondamos en su entrega para Animita Migrante.

Cristóbal, desde tu lectura y experiencia, ¿cuál crees o sientes que debiese ser el rol social de los y las artistas visuales en el escenario actual de violencias sostenidas, ya sea de género, de raza y de clase? ¿Les cabe algún tipo de responsabilidad?

“Pienso que la misión social del artista es, justamente, ser parte de este tejido de personas. Un tejido esencialmente humano y que se extiende a lo más emotivo, a aquello que está más en conexión con sus sentimientos y su manera de ver el mundo. Pero todo esto aprovechando y apuntando a que ese rol sea una actividad que esté destinada a cumplir un rol educativo y de información. No buscando una educación dogmática, si no mas bien educar en el arte de poder manifestar las ideas o procesos que uno vive como ser humano dentro de esta sociedad, permeables a lo tú hablas, las fuerzas ocultas y manifiestas del capital (aunque no tan ocultas). Creo que la función principal es ser un mediador dentro de esta sociedad, lograr desarrollar una mirada crítica que, primero, observa y procesa. Las conclusiones vienen de parte del que recibe esta información, pero la labor del artista es instalar esta pregunta que puede ser incomoda muchas veces o tal vez alegórica, como quieras verlo. El deber del artista, para mí, es ser un aglutinador social que permita a la sociedad verse a si misma y hacerse esas preguntas que no se puede hacer”.

Coincido completamente contigo, las prácticas artísticas deben tener esa pulsión vital, sobre todo pensando en/desde el presente. ¿Cómo lo vivencias a partir de tu trabajo?

“En mi caso, por una cuestión de formación, es siempre a través de la imagen. Lo mío es la fotografía y, para mí, esta cápsula visual es representativa, subjetiva y una de las herramientas más básicas de trasmitir conocimiento. Me parece que la imagen tiene un impacto fuertísimo, en parte porque es reciente en comparación a las otras artes como esculturas, pintura, etc. Creo que transita por códigos más modernos y tecnológicos, y me parece que tiene una versatilidad de trasmisión que es más intensa que las otras artes. Me gusta mucho, también, que la imagen vaya acompañada de otra cosa, normalmente, texto. Aparecen dos mundos que se conjugan y pueden agrandar su esfera poética o discursiva”.

Con respecto a tu toma de posición y la forma que te acercas a aquello que te interesa, quiero hacer la pregunta al revés: ¿Tu práctica se ha visto modificada o impactada a partir de tu relación con las comunidades, pensando en aquellas cuyos saberes muchas veces no están validados desde un conocimiento occidental?

“Si y no. En realidad, desde la fotografía, mi acercamiento siempre ha sido de la máxima subjetividad. Hay ocasiones en que me he forzado a no saber nada de lo que tengo que hacer, llegar sin nada. Obviamente no es recomendable y me arrepiento de no haberme vinculado de otra manera. Pese a ello, mi trabajo viene desde la subjetividad más radical y no sabría decir si se llega a modificar el trabajo o el ahora del proceso. Ahora bien, lo que sí se afecta es el después de la fotografía, es decir, la edición. Tratando un tema en especial, voy varias veces a un lugar, luego aparece el mar de imágenes donde uno tiene que seleccionar y, muchas veces, esa selección responde también a procesos que uno sintió y vivió, y que hicieron cambiar tu idea original”.

¿A quién o qué incomodas con tu práctica artística?

“Yo nunca estoy buscando incomodar. Mi trabajo viene desde un hurgar interior, desde un sentir de ciertas cosas. De ahí viene la voz, la opinión. No estoy de acuerdo con la palabra incomodar, porque me da la impresión de que limita un poco el sentido del asunto. Me parece que crear una situación incomoda puede ser una consecuencia, un resultado no esperado de lo que se hace. Lo que sí puede pasar es que el observador de la obra o trabajo reciba estas preguntas, que ya no solamente tienen que ver con lo que está viendo, si no que se le está remeciendo algo dentro. Por ejemplo, últimamente me interesa mucho registrar el proceso de la vida. Pero también cómo la vida esta súper cercana a la muerte. Es un punto que no es algo o que dejará de ser algo. La evidencia de ese proceso me llama mucho la atención, por eso fotografía brotes de plantas o especies vegetales naciendo o animales cachorros, jóvenes adolecentes que se están volviendo personas más adultas. Y, también, la muerte. Fotografiar animales muertos. Eso quizás, para alguien que logra percibirlo, podría quizás incomodarlo. Lo que ando buscando es tener una visión con respecto a algo y que, probablemente, no sea la más común y popular”.

Poder detenerse y observar puntos de sutura entre la vida y muerte es un poco interpelar y acercarse a una noción de humanidad que se está desmontando y cuestionando. Ha ocurrido en varios momentos de la historia y hoy como que estamos en un nuevo siglo XIX.

“Estoy de acuerdo contigo. Uno tiene la permanente sensación de estar presenciando un ocaso del género y, por lo demás, por mí que se extinguiera, llegara un meteorito y extinguiera a la raza humana para que la tierra siguiera andando. Bueno tengo esa sensación de estar viviendo una suerte de decadencia en muchos aspectos, lamentablemente”.

¿Cómo ha sido tu relación con las instituciones que han recibido o expuesto tu trabajo artístico?

“Mi experiencia es la de cualquier artista que vive en Chile y debe vincularse con ella para tener, primero, financiamiento y, segundo, acceso a ciertas actividades. Siempre me ha incomodado, eso sí, el sistema de galerismo. Hay ciertas instituciones artísticas que son privadas y promueven este sistema de ranking para los artistas y lo detesto. Me cargan los top 5, artista del mes, ese tipo de cosas. No comulgo para nada con ello y me parece que hace mucho daño al arte. Está bien que existan galerías y salas de exhibición, no estoy en contra de eso, tienen su público cautivo y siempre hay gente que va a las exposiciones. Es bueno enterarse de la obra, yo mismo voy a la Pinacoteca de la Universidad de Concepción, pues la tengo al lado. Pero lo mío va más por un soporte alternativo, que se pueda ver en la calle. Incluso un soporte económico como la fotocopia o la impresión de baja calidad me parece más llamativa que tener la imagen en un pedestal institucional con toda su norma y regla”.

Cuéntanos un poco más sobre tu entrega para esta edición de Animita Migrante.

“Para esta edición, hice un registro fotográfico en formato de retrato, acompañado de un texto. Ese texto es un relato de la persona fotografiada. Este registro con historias y experiencia de vida los pone en común con todas las otras personas. La idea es desviar un poco la atención de la persona en sí como migrante, pues todos estamos en este modelo económico. El relato es de la primera experiencia laboral y nos pone a todos en un mismo plano. Eso va a ser en formato de fotocopia, será una fotografía de la fotocopia de la original”.

Imágen: Cristobal Barrientos