Procesos y prácticas para Animita Migrante

“Para mí estar haciendo arte, es una acción concreta, es estar en la pelea”

Como parte del circuito exhibitivo “Paisaje y Territorio” -como parte del Colectivo Periplo- Carmen Valle (1969) vuelve a Concepción, ciudad donde estudió Licenciatura en Artes Plásticas entre el año 1990-1994. Un regreso que tiene hartas implicancias, pues de alguna forma, retoma redes, afectos y espacios que hace ya diecinueve años dejó al trasladarse a Santiago. La trayectoria de Carmen está llena de hitos. No sólo ha participado sistemáticamente mostrando obra a nivel nacional e internacional, sino que es premiada por ella en emblemáticos concursos como Valdivia y su Río, el año 1999, interpelando la genealogía patriarcal que hasta ese momento imperaba. Durante esos años en Concepción, también, lideró algunas iniciativas pioneras como comprender que la incipiente era digital podría definir, resguardar y proteger la producción de sus pares artistas. Es así como levanta la página web “Arte Joven Concepción”, junto al entonces estudiante de ingeniería electrónica, Rodrigo González. La invitación de Animita Migrante se entrama perfectamente con las pulsiones más vitales que han definido y definen, hoy, su práctica artística. La lectura y vivencia del territorio y sus procesos identitarios, los gestos de archivo y memoria, la imagen reproducida, fragmentada y limítrofe de los espacios en la fotografía, el tránsito y la trashumancia, todas en cruce y en su trabajo artístico. Viajo a Santiago y me recibe en su departamento para conversar sobre su trayectoria, sus últimas experiencias de trabajo comunitario y colectivo, su mirada de la escena artística, así como los contenidos y procesos reflexivos detrás de su entrega para Animita Migrante.

Carmen, ¿Crees que los y las artistas deben tomar posición social y política, desde su práctica, frente a las diversas violencias de género y raza que se encuentran cada vez más recrudecidas bajo el relato neoliberal?

“De todas maneras que sí, no puedes estar lejana. Para mí estar haciendo arte, es una acción concreta, es estar en la pelea. Por otro lado, me siento con el deber de contar. Mi obra está llena de imágenes, muchas de ellas políticas, tapadas con mucha pintura. En mi trabajo de los Selknam, por ejemplo, muestro toda su grandeza y espero que la gente reflexione sobre su exterminio. Nosotros somos consecuencia de un pasado y en Chile hay un velo en relación a la memoria. Me preocupa, también, el pueblo mapuche, y la reflexión en torno a cómo damos solución a este conflicto. Por algún u otro motivo siempre me ha tocado llegar al mundo indígena”.

La pulsión de archivo siempre ha estado detrás de tu trabajo, dándole sustento y definiendo caminos. En ese sentido, ¿Cómo ha sido tu relación con aquellos espacios que durante tu trayectoria han albergado y exhibido tu trabajo? ¿Les cabe alguna responsabilidad en términos de mediación y educación en torno a la práctica artística?

“Es difícil el tema de cómo yo muestro mi trabajo. Para mi ha sido fundamental la web. Ese es mi soporte. Ahí no tienes mediación y tienes libertad absoluta de poder publicar lo que quieras. Es una autogestión y yo soy mi propia curadora. Recuerdo que por el año 2000, cuando empiezan a nacer los blogs, yo fui de las primeras en publicar y hacer obra a través de ellos. Saqué adelante Arte en Bellavista y Bar de Náufragos, por ejemplo. Luego en el 2007, comencé a investigar sobre cómo migran los archivos y cómo los puedo conservar en el futuro. Las tecnologías van cambiando o van perdiendo calidad y, por eso, mi inquietud siempre ha sido la memoria y el archivo. Por ello, mi principal plataforma de difusión y autogestión siempre ha sido la web, y a través de ella se me han abierto varios espacios y me han contactado algunas galerías. Ahora, la problemática de las galerías en Chile radica en que es muy difícil entrar. En realidad es bien poco lo que venden, pues vender arte en Chile es muy difícil. Es muy escaso ver que alguien se la juegue en invertir en pintura, entonces la mayoría de las galerías se mantienen en base a arriendos y eventos. Hacen un tremendo esfuerzo por permanecer en el tiempo. Yo trabajé en eventos, en casas importantes y casi no vi arte en ellas. Por otro lado, ha salido harto artista joven y no se está vendiendo a buen precio, también las clases de arte se están pagando bien bajo y la gente tampoco las está tomando. Y en las plataformas de difusión, ya no te pagan por tu trabajo, sino que tú debes pagar por la oportunidad de ser exhibido y, quizás, vender”.

Carmen, comparte con nosotros algo de los procesos detrás de tu entrega para Animita Migrante.

“Trabajé la migración como soporte y la memoria como legado. Tomo parte de mi propia historia familiar, porque es muy contingente con lo que pasa en Chile y Latinoamérica. Mi familia viene a colonizar la frontera y se hace cargo de la administración de los fuertes. Se firman los tratados, se fija la frontera en el Río Bío Bío y mi familia se desliga del asunto. Ella era muy vinculada a los Carrera, pero dejan de participar de la vida política. Después llega mi abuela, que era de una familia bien aristócrata. Yo me siento heredera de todo ese pasado, del desarraigo, del clasismo, de la no pertenencia, de la discriminación. Mi abuela, por ser alemana, fue muy discriminada también por esta sociedad, tanto por su origen como por su religión. Hay que considerar que desde Europa se desplazaron más de 55 millones de personas hacia América, lo que trajo cambios radicales en la fisonomía social y geográfica del continente. La gente no lo sabe, pero, también, muchos de ellos fueron engañados por el gobierno de Chile. Muchos fracasaron en el intento y ese viaje fue solo de ida, sin retorno. Gran parte mi familia murió, también, en ese proceso. Recorrieron más de 2500 kilómetros en carreta de bueyes desde Buenos Aires. Por eso, lo que quiero mostrar es la historia de los migrantes y el choque con el pueblo mapuche, de los mapas, de los barcos, de la memoria. De cómo algunos lograron insertarse y otros regresaron. Esbozar la memoria histórica en soporte fotográfico y rescatando cierto patrimonio fotográfico familiar, y ver como todo se moviliza y va cambiando en un cuerpo siempre en movimiento. Es una mirada amplia, pero vista desde la experiencia de mi familia”.

Imágen: Carmen Valle.